lunes, 28 de enero de 2008

Fountains of Wayne

Una de los grupos de pop-rock por excelencia. Brillantes, melódicos, diferentes, sencillamente geniales. Ya tuve ocasión de verlos en la Sala Arena hace unos años, en vísperas del 11-M, y vibré como un adolescente hormonado. El pasado día 17 de enero en la Joy Eslava tuve la oportunidad de volver a verlos y estaba nervioso. Un par de horas antes de que empezara el concierto ya me había escapado del trabajo y deambulaba por las cercanías de la sala preguntándome con que tema comenzarían. En el anterior concierto la elección fue "I've got a flair" y en esta ocasión repitieron para mi regocijo, ya que es una de mis favoritas. Tras tomarme un cafe sin sabor a café del Starbucks, entré de los primeros a la Joy y cogí sitio. Lo primero que me sorprendió fue ver a bastantes parejas de mediana edad, gratamente ya que yo ya empiezo a adentrarme en edades llenas de achaques y nostalgias. Melancolía y nostalgia, son dos emociones que me suelen abordar eschuchando a Fountains, además de euforia teenager cuando sale el sol. Pero si escuchas "Sick Day" o "A fine Day for a Parade" un día de otoño te aseguró que echarás muchas cosas de menos. ¿Recuerdas como era cuando veías por primera vez un capítulo de Friends por el Plus? Nostalgia, ¿verdad?

Los teloneros, The Layabouts, un grupo madrileño lleno de energía e intenciones (que pena que olvidaran las melodías), me causó una buena impresión, me sorprendió y me empujó a mover la cabeza. Pero yo estaba esperando a los grandes, al grupo que es capaz de hacerte sentir como una adolescente salido de una película americana, al mismo tiempo que sentirte un tío moderno con gustos musicales selectos. Paradojas de la vida.

El sonido fue de menos a más. Cris, Adam y compañía fueron a más. Los hits caían uno destrás de otro. Sin embargo la gente permanecía inmutablemente fría, y para cuando quisieron empezar a canturrear algunos temas el concierto tocaba a su fin. Algo parecido me ocurrió con The Wailers en un Espárrago Rock de hace años. La gente a mi alrededor parecía estar en la grabación de un programa en playback. Yo llevo la música en la sangre, y si me voy (y lo suelo hacer sólo) a un concierto de rock es para disfrutar y no parar de cantar y saltar. Y así lo hice en el concierto de Fountains of Wayne en la Joy Eslava. Claro, que a veces me sentía un poco desamparado, freaky incluso, cuasi-groupie me atrevería a decir. Pero en fin, me lo pasé en grande y espero vivir lo suficiente para poder ver muchos más conciertos como éste. En el debe del grupo... no tocar temas como: "Red Dragon Tatoo", "The Hotel Majestic" o "The Girl I can't Forget", canciones que el 99% de grupos de Pop-Rock matarían por tener en su repertorio.

En resumen podría decir que fue una noche "guay". Ahora, venga, tiradme tomates.

Los Crímenes de Oxford

Alex de la Iglesia nunca ha sido el creador de imágenes que me ha quitado el sueño, sin embargo he de reconocer que me ha hecho pasar muy buenos ratos en "El día de la Bestia", "La Comunidad", "Acción Mutante" y tantas otras. Por otro lado, la novela de Guillermo Martínez, que leí hace ya unos años, me pareció bastante acertada. Sinceramente, no recuerdo exactamente las sensaciones que me dejó, pero supongo que buenas cuando hace poco el recuerdo de "Los crímenes de Oxford" me empujó a comprar y leer su nueva historia, "La muerte lenta de Luciana B.". De esta sí puedo decir que me atrapó desde el principio para dejarme un poco insatisfecho al final, supongo que como cualquier relación con una historia en la que hay una mujer por medio. Aquí acepto críticas. Además redunda en el asunto de los crímenes imperceptibles, mala cosa en dos novelas consecutivas.

Dicho esto, la película del director de Bilbao podría haber sido una gran película de suspense de no ser por una enorme lacra desde mi punto de vista, el reparto. La historia tiene elementos para trinufar: el enigma pseudocientífico, el ambiente siempre atractivo de las ciudades - campus universitarios (olvidemos "Tuno Negro") quizá algo desaprovechado (aún recuerdo una novela que leía hará unos 10 años llamada "El Secreto" que me atrapó precisamente por este motivo), y, como no, un plano-secuencia (imagino que falseado al estilo de "La Soga") que enlaza a todos los personajes implicados en la trama de la historia en un pueblo donde todos se conocen y que permitiría a Garci aludir a "Sed de Mal" en el caso de que programara la película en su "Qué grande es el cine". Sin embargo no me creo nada. Y no me creo nada porque un hobbit nunca podría hacer un doctorado en Oxford, ni en la Complutense. Elijah Wood no encaja en el papel, y en ningún momento me creo a ese personaje como alguien que pueda influir en lo que piense el inspector de policía (que no se porque me recuerda al jefe del Inspector Gadget), y mucho menos enamorar a una Watling salida de la nada en la historia y a la que no se presenta como enfermera hasta bastante avanzada la trama, justo cuando hace falta. Del policía ya he hablado, pero es que a mi me parece un poco caricaturesco, y no creo que ese fuera el tono de la película. Lo de John Hurt no me "dolió" tanto, pero no sé si fue el respeto a la edad, o si realmente en este caso la elección del actor y el personaje estuvieron en su papel. Pienso que sí.

Resumiendo, era una pelicula que me apetecía ver bastante y que me dejó con mal sabor de boca porque a los 10 minutos ya me había salido de la historia por culpa de los actores. Ya que me pongo tocapelotas también mencionar que creo que el Director abusó de los planos cortos, pero eso ya es una pijada. Si alguien hace un remake, por favor, que lo haga con John Cusack, y no con Fran Perea.