Una de los grupos de pop-rock por excelencia. Brillantes, melódicos, diferentes, sencillamente geniales. Ya tuve ocasión de verlos en la Sala Arena hace unos años, en vísperas del 11-M, y vibré como un adolescente hormonado. El pasado día 17 de enero en la Joy Eslava tuve la oportunidad de volver a verlos y estaba nervioso. Un par de horas antes de que empezara el concierto ya me había escapado del trabajo y deambulaba por las cercanías de la sala preguntándome con que tema comenzarían. En el anterior concierto la elección fue "I've got a flair" y en esta ocasión repitieron para mi regocijo, ya que es una de mis favoritas. Tras tomarme un cafe sin sabor a café del Starbucks, entré de los primeros a la Joy y cogí sitio. Lo primero que me sorprendió fue ver a bastantes parejas de mediana edad, gratamente ya que yo ya empiezo a adentrarme en edades llenas de achaques y nostalgias. Melancolía y nostalgia, son dos emociones que me suelen abordar eschuchando a Fountains, además de euforia teenager cuando sale el sol. Pero si escuchas "Sick Day" o "A fine Day for a Parade" un día de otoño te aseguró que echarás muchas cosas de menos. ¿Recuerdas como era cuando veías por primera vez un capítulo de Friends por el Plus? Nostalgia, ¿verdad?
Los teloneros, The Layabouts, un grupo madrileño lleno de energía e intenciones (que pena que olvidaran las melodías), me causó una buena impresión, me sorprendió y me empujó a mover la cabeza. Pero yo estaba esperando a los grandes, al grupo que es capaz de hacerte sentir como una adolescente salido de una película americana, al mismo tiempo que sentirte un tío moderno con gustos musicales selectos. Paradojas de la vida.
El sonido fue de menos a más. Cris, Adam y compañía fueron a más. Los hits caían uno destrás de otro. Sin embargo la gente permanecía inmutablemente fría, y para cuando quisieron empezar a canturrear algunos temas el concierto tocaba a su fin. Algo parecido me ocurrió con The Wailers en un Espárrago Rock de hace años. La gente a mi alrededor parecía estar en la grabación de un programa en playback. Yo llevo la música en la sangre, y si me voy (y lo suelo hacer sólo) a un concierto de rock es para disfrutar y no parar de cantar y saltar. Y así lo hice en el concierto de Fountains of Wayne en la Joy Eslava. Claro, que a veces me sentía un poco desamparado, freaky incluso, cuasi-groupie me atrevería a decir. Pero en fin, me lo pasé en grande y espero vivir lo suficiente para poder ver muchos más conciertos como éste. En el debe del grupo... no tocar temas como: "Red Dragon Tatoo", "The Hotel Majestic" o "The Girl I can't Forget", canciones que el 99% de grupos de Pop-Rock matarían por tener en su repertorio.
En resumen podría decir que fue una noche "guay". Ahora, venga, tiradme tomates.
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